Los opinadores crónicos

En otros momentos hice referencia a la banalización de la salud, y también a la banalización de la sociedad en su conjunto ,en temas como la salud, la educación, la justicia, la economía o el trabajo donde pareciera que los valores que eran importantes para el ser humano dejaron de serlo y eran tratados como algo sin importancia, en general, sin tener la preparación para hacer el tratamiento de esos items llegando a conclusiones equivocadas y estando convencidos por su desmesurado orgullo, de haber logrado encontrar la piedra filosofal.

Últimamente se ha creado una nueva raza de seres humanos que a fuerza de no tener ideas propias han decidido opinar sobre los hechos generados por otros seres humanos que sí piensan o actúan.

En general la lógica y la ignorancia de tan poco valiosos personajes es que tienen que llevar adelante críticas destructivas sobre estos hechos generados por los demás.

Creyendo que, por opinar, manifiestan sabiduría o lograrán fama no recordando que se puede ser famoso, pero no prestigioso, lo que solo se logra con ideas útiles, originales, con hechos concretos y con trabajo y comportamiento honestos.

Lamentablemente estamos en una época en la que la mediocridad es lo que prevalece y los mediocres llegan a ocupar cargos que, para individuos como ellos, deberían ser inalcanzables.

Tenemos múltiples casos en que algunos ocupan esos lugares porque tienen dinero suficiente para lograrlo, padrinos con dinero, falta de autocrítica, que los utilizan para planes propios o intereses espurios o para incrementar su poder, varios tratan de llegar movidos por envidia o por celos ante los logros de los demás.

Dijo el controvertido escritor y filósofo español Miguel de Unamuno “La envidia es mil veces más terrible que el hambre porque es hambre espiritual” y también “dejad que ellos hagan que después nosotros opinaremos”

Como la fuerza espiritual que los mueve a estos seres negativos, los opinadores crónicos, generalmente es negativa, es imposible que tengan un éxito permanente, nunca pueden tener continuidad en su accionar ni lograr hechos positivos.

Valores como la solidaridad, la amistad, la empatía, los deseos de capacitación, de educación, de crecimiento espiritual, la preocupación por el otro, la familia, lentamente han ido desapareciendo y fueron reemplazados, promocionados por los opinadores, por la indiferencia, la agresividad, la violencia, los maltratos, la envidia, la ambición desmedida, la ignorancia, la mentira y la difamación.

Esta ausencia de valores humanos imprescindibles para el ordenamiento y logro de una sociedad sana y justa, a la cual uno quisiera pertenecer, provocó que hoy nos veamos envueltos y rodeados de situaciones negativas que generan violencia, estados de depresión, cambios de conductas, deterioro de la salud mental y física y lo más lamentable es la indiferencia y la liviandad con la que se trata este tema que lleva a un estado de infelicidad de toda la población.

Cuando alguien intenta cuantificar las consecuencias de estas conductas se encuentra que es casi imposible hacerlo, primero porque la mayoría actúa como opinador crónico, sobre temas que desconoce, sin tomar conciencia de los daños que causa, sin tener parámetros de medición y segundo los que opinan con intención de daño, no lo toman como tal, sino que naturalizan este accionar y peor aún se vanaglorian de sus logros y de las consecuencias de su accionar contentos con los perjuicios que provocan.

La deshumanización de la sociedad y la banalización de los temas importantes de la sociedad son las consecuencias que estas conductas están provocando y que van llevando a los seres humanos a un retroceso espiritual cuyo final es muy difícil de determinar, pareciera que el hombre encuentra hoy más empatía con una mascota, con un celular o con una aplicación de inteligencia artificial, que con otra persona, tomando la soledad como un estado de bienestar olvidando que los humanos son seres sociales.

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